Me refiero a la abstinencia. Ya llevas una semana sin sexo, y se debe empezar a sentir, no? No tiene por qué renunciar a la satisfacción sexual —me aconsejó la vieja pícara. Y mientras me decía esto se me acercaba con cara de gata. No era linda. A sus 69 de edad estaba muy arrugada, con el pelo demasiado corto y ya ralo.

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Sus mechas mal teñidas, con raíces canosas y puntas castaño-colorados que no se correspondían, le daban un aspecto de mujer que ya no se cuida tanto. Su cola y sus tetas estaban visiblemente abultadas y caídas a la vez. No sé si era la abstinencia, el morbo de que fuera mi suegra, o el morbazo que fuera una anciana calentorra la que hacía eso, pero me empecé a calentar. Yo estaba mudo y la miraba con la boca semi-abiertas de asombro y descredito mientras ella se me acercaba. Mis ojos, fuera del control de mi razón bailaban de su cara a sus tetas y caderas.

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Y ella lo podía notar. Yo, como un autómata, separé las piernas, y ella comenzó a frotarme la verga y los huevos por encima del pantalón, usando sus dos manos. Yo cerraba los ojos y rebufaba. Cuando hizo eso, sin levantar los codos estiré mis antebrazos y mis manos atinaron a tomarla de las caderas y atraerla hacia mí. En ese instante, cuando apenas rozaba las asas ensanchadas de sus huesos caderosos y ababa de meterle mi lengua en la boca hasta su garganta, mi suegra dice algo que me vuelve a la realidad.

Y sin darme tiempo a decir nada salió corriendo a la planta alta de la casa donde mi esposa descansaba en la habitación matrimonial. La vieja conchuda subía las escaleras a los gritos. Estaba mudo del terror. La vieja podrida me había tendido una trampa. De repente escucho a mi esposa:.

Subí como un zombi. Derrotado y arrastrando los pies. Mil pensamientos se me cruzaban en la cabeza. Entré a la habitación como si fuera un robot.

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Ojos abiertos, boca cerrada, dando pasos como un autómata. ESO era el fin de la paz de mi hogar, seguramente.

Me encontré a mi esposa sonriente en un lado la cama y a mi suegra tirada del otro lado totalmente insinuante. Sorprendido y asustado hice caso. Con mucho cuidado me recosté en medio de las dos. Con cuidado, porque si hacia un movimiento brusco que aplastara el colchón, podría inducir dolor en mi esposa que se estaba recuperando de una cirugía.

Encima mientras mi esposa hablaba mi suegra, a mis espaldas, comenzó con los frotamientos otra vez. Las tetas fofas de la vieja se apretaban a mi espalda y su boca me mordisqueaba el lóbulo de la oreja. Yo lo sentía, escuchaba y veía todo y no podía hacer ni decir nada. Yo seguía paralizado. No sabía cómo reaccionar. Nunca hubiera imaginado que esto ocurriría. Las dos reían a coro y mi esposa volvió a la carga:. Tan cerca, que sus labios y lengua rozaban impunemente mi oreja. Por primera vez reaccioné y le contesté a mi esposa, sin siquiera voltear la mirada o prestar atención a mi suegra, que seguía con su rutina estimulatoria.

Pedí algo que sí es posible. Animate, dale — me incitó mi esposa que ya jugaba impunemente con mi desesperación. Necesito que tu mami me haga venir, amor. Lo necesito, por favor —imploré. En este punto ya dialogaban entre ellas mientras la vieja seguía frotando mi entrepierna y mordiéndome el lóbulo de la oreja y a la vez me iba desabrochando los pantalones. No le da asco, como a mí —se burlaba mi esposa juguetonamente. Esto era tan inaudito para mí como lo debe ser para el lector.

En ese punto, mi esposa comenzó a dar indicaciones. Mi mujer y mi suegra se esmeraban en cuidados para con él. Fue así como una noche platicando con mi mujer en la cama le pregunté: Y guardó silencio. Interrumpiendo dije: Volviéndome hacia mi mujer repliqué: Y nos acostamos a dormir, ya sabía que ni esperanzas de entablar esa noche alguna placentera sesión de sexo, mis suegros estaban en la habitación contigua. Y la reacción inmediata fue una erección fenomenal. Estaba meditando cuando se abre la puerta de mi cuarto y entra mi suegra.

E inmediatamente iba abrir la puerta de cuarto para salir cuando le dije: Diciendo esto me quité la sabana dejando mi verga expuesta a su vista, mis 19 cm de verga quedaron expuestos a sus ojos en toda su plenitud. Haciendo caso omiso de eso me dirigí a la puerta de la habitación, ella retrocedió dando campo para que pasara.

Al pasar junto a ella añadí: Y mientras decía esto agarré mi verga con la mano. Ella me miró con cara de asombro. Salí del cuarto completamente desnudo rumbo al baño. Mi suegra se quedó muda en mi habitación. Ella miró durante unos segundos desde la entrada de su habitación, abrió la puerta y entró en el justo momento en que un potente chorro de semen salía de mi verga e iba a estrellarse contra el espejo del baño.

Fue realmente excitante masturbarme mientras mi suegra contemplaba la escena. Al que vi fue a mi suegro que estaba sentado en la sala viendo televisión. En eso estamos platicando cuando mi suegra sale de su cuarto y sin mirarme se acerca a su marido, quien la abraza y la sienta junto a él. Y diciendo esto sonrió. Y mientras decía esto pasé mi mano disimuladamente por el bulto de mi pantalón, sin que mi suegro lo notara. Ella sí miró e hizo un gesto de desaprobación mientras abrazaba a su marido. Sabía que no estaría tranquilo hasta cogerme a aquella mujer que tenía frente a mí.

Era mi momento, sin querer había dicho algo que me ayudaría. Preguntó en tono un poco molesto. Ella tornó su cara muy seria y con voz firme agregó: Decía y lentamente iba parando su resistencia.


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Inmediatamente tomé mi pantaloncillo y lo bajé, dejando libre mi verga. Me acerqué de nuevo a ella y empecé a besarla en la boca, sus labios se abrieron recibiendo los míos, su lengua penetró en mi boca, nuestras lenguas se entrelazaron en un ardiente beso. Pasaba mi lengua despacio por sus labios vaginales y suavemente introducía mi lengua en su vagina buscando su clítoris, que estaba hinchado de tanta excitación.

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Después metió toda mi verga en su boca solamente le entró una parte. Sin perder tiempo presioné la cabeza de mi verga con la entrada de su raja, la humedad de mi suegra y lo lubricado de su vagina hizo que mi verga entrara ricamente, ahhh sentir cómo mi verga se abría paso en su ardiente vagina era una sensación deliciosa, ella gemía: Sentí que faltaba poco para correrme por lo que aceleré mi bombeo dentro de su raja.

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Yo le acaricié las tetas con la mano y sonreí, sabía que de ahora en adelante me cogería a mi recatada suegra cuando yo lo quisiera. Fetichismo En el Metro. Despedida de soltero Sexting.

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